artistas del lobby

 

Lo que a los vacunos les falta en talento y capacidad, les sobra en astucia y ambición. Como adolecen de las aptitudes necesarias para la excelencia, han desarrollado con audacia una técnica en la que pueden hacer uso del órgano que mejor saben utilizar: la lengua, y no precisamente para modular los sonidos que le son propios.

El lobby es, según la rae: “vacunos influyentes que se organizan para presionar en favor de determinados intereses”. En la práctica, consiste en pasar la lengua repetidamente de abajo hacia arriba hasta sacar lustre en el calzado o directamente, en ciertas hendiduras de la humanidad de quien esperan obtener beneficios tan jugosos como la lamida que le acaban de practicar.

La lengua de 30 cms y un estómago con capacidad para 200 litros, les ha facilitado el desarrollo de su arte. Lógicamente, el receptor del chupeteo también debe ser otro vacuno, sensible a la sobada de lomo consuetudinaria.

Es en este sentido que los vacunos son artistas, porque han logrado elevar, de la manera más profesional, las peores características de esta sociedad: la falta de mérito, de esfuerzo y el individualismo onanista, hasta convertirlos en verdaderos baluartes de un estilo de vida, que se impone por la fuerza de la mamada y no de la manada.

De esta manera, apenas el vacuno alcanza un estamento de poder, está ansioso y expectante del cambio de roles que ahora lo convierte en el beneficiario directo de las caricias linguales y lingüísticas de sus congéneres.

Desde su lugar de poder, cada rumiante arrea a otros que quieran ser parte de su rebaño, y su función principal es la obsecuencia. Aplaudir, elogiar y alabar los minúsculos y torpes movimientos de su líder, de manera que con la repetición de tales audacias, se termine por legitimar a la mediocridad en la categoría de talento.

En la jerga vacuna existen expresiones tales como: “juego de cintura” y “negociación” que les sirve para ocultar los verdaderos móviles de su conducta, y explicar así, una ética que es convenientemente manipulada para justificar un proceder que dista de ser virtuoso.

Cuando se refieren a los “juegos de cintura” en realidad están hablando de la bicicleta. Bicicletear es un arte que ilustra la práctica vacuna de dilatar pagos, beneficios y promesas hechas a empleados y proveedores que, para poder sortear los inconvenientes que les causan esas costumbres arteras, tienen que tener por lo menos una cintura de avispa.

Dominan tanto estas habilidades que hacer algún trato con ellos es terminar, indefectiblemente, vacunados.

El vacuno como siempre tiene hambre, busca apropiarse de la mayor cantidad de espacios verdes que le sea posible y sólo reconoce los límites si hay alambrado.

Así es cuando el lobby se transforma en lobo, la voracidad por adueñarse del pasto que siempre es más verde en el patio del vecino.

Por favor, no se haga el artista.

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Publicado el 15/09/2011 en Mirada Horizontal. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. iluvatardiosdearda

    jajaja lo más extraño de este arte es que los partidistas (especialmente colo’os y liberales) ya nacen con este don “lingüistico”: no se hacen por el camino, se nace

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